27 mayo 2024
Ceuta

Aiša “sayyidatul Hurra” “La Dama noble”, gobernadora y corsaria

La Historia del final del antiguo al Andalus contiene unos episodios desconocidos por la mayoría de los españoles. Uno de ellos comienza en Granada en 1485, se desarrolla en Tetuán desde el año 1500 y termina en Chefchauen unos 50 años después.

Se trata de la vida de una mujer nacida en Granada y fallecida en Chefchauen, que llegó a ser gobernadora de Tetuán y sultana consorte del sultanato de Fez.

Aiša, así se llamaba, nace en el seno de una familia noble granadina en 1485, hija del jeque Ali Ibn Rašid y de Zohra Fernández. El padre era gobernador de un pequeño territorio cuya capital se encontraba en Chefchauen, mientras que la madre era una conversa de Jérez de la Frontera. Más tarde, a la muerte de su padre, su hermano uterino heredó el gobierno de este territorio, y posteriormente, a la muerte de este último vino a hacerlo su hermanastro.

En 1453 los turcos ozmaníes, descendientes de Uzman, tercer califa del Islam,  conquistan Constantinopla (Estambul) y proclaman el califato turco, dando fin al Imperio de Bizancio y comienzo al califato ozmaní que subsistió hasta poco después de la Primera Guerra mundial.

En los años que preceden a la toma de Granada, en 1492, hay que decir en honor a la verdad, que las luchas intestinas entre jeques y sultanes del actual Marruecos no cesaban nunca; siendo así que Granada, aun estando al otro lado del mar, no se sustraía a esta lucha de ambiciones. Taifa contra taifa; terruño contra terruño; región contra región; a nadie ha de extrañarle que a partir de los albores del siglo XI, en el que Al Andalus dejó de ser califato y pasara a dividirse en taifas, se perdiera en guerras intestinas y fuera diluyéndose paso a paso.

Mientras tanto , en la década de 1480-90, los portugueses descubrían la ruta marítima del Sur de África, hecho que debilitaba el comercio terrestre de la ruta de la seda, y por ende el del Mediterráneo; pues las mercancías procedentes de Asia Central y Oriental eran traídas en barcos en mayor cantidad y con mayor rapidez.

En 1485, el general granadino Ali al Mandri, procedente de la fortaleza del El Pinar, reconstruye Tetuán, anteriormente destruida por castellanos y portugueses. Una Tetuán que después de su reconstrucción quedaba circunscrita a la ciudad antigua que se encontraba dentro de las murallas. Los que os hayáis paseado por la antigua medina sabéis de que recinto os estoy hablando; recinto que a la hora de extenderse la ciudad al exterior de sus murallas llegó a contener una de las juderías más extensas de Marruecos.

En el año 1500, aproximadamente, Aiša, aun adolescente contrae matrimonio con el general Al Mandri, a la sazón 30 años mayor que ella. Una boda de compromiso, sin lugar a dudas, destinada a unir la familia que gobernaba Tetuán con la que hacía otro tanto en Chefchauen.

Hasta esa fecha Aiša, y sobre todo desde 1510, había tomado las riendas del gobierno de Tetuán casi por completo a causa de la enfermedad de su esposo que sufría de enfermedades causadas por sus heridas de guerra. Desde este momento Aiša pasa a ser llamada  “sayyidatul Hurra” “La Dama Noble”, y aunque el apelativo en árabe significa literalmente “La Dama libre”, hay que saber que el término “hurra” se utilizaba como un apelativo de nobleza. Aunque, todo hay que decirlo, el significado de «libre» desde esa fecha comenzó a recobrar más y más sentido, sobre todo a raíz de la muerte de su esposo en 1540 cuando, gobernando Tetuán, Aisha demostró estar dotada de una gran resolución y de remarcables dotes estratégicas.

Durante ese periodo que va desde 1510 hasta 1540 hizo alianza Con el argelino Baba Arruŷ (Barba roja) promoviendo las incursiones de piratearía en el occidente del Mediterráneo, incluido el Estrecho. Baba Arruŷ estaba respaldado por los califas otomanos, primeramente por Bayazid II y posteriormente por su hijo Selim I con el fin de reforzar las posiciones turcas en el Mediterráneo. Incluso, la imaginación popular ha llegado a localizar a Aisha en los barcos de Barbaroja ayudando a éste en su peculiar asalto y captura de barcos y bienes.

Aiša pues, en estos años de regencia desarrolló un carácter sumamente fuerte y un espíritu independiente. Los asuntos del Tetuán estaban en su mano debido a la enfermedad de su consorte y había gobernado el territorio con mano de hierro. Todo ello la hizo famosa, no solamente en los anales de la historia de Tetuán, sino en todo el territorio marroquí.

En 1540, como hemos dicho, falleció su esposo y ella fue nombrada gobernadora de Tetuán. Pero ante la amenaza de su hermanastro, que tras la muerte de su hermano uterino se hizo gobernador de Chefchauen,  dando un golpe de timón se casó con el sultán wattasí.

El sultanato tenía sede en Fez; pero hay que decir que, debido a que los sultanes wattasíes se había sustraído de defender Granada contra la toma por parte de los Reyes Católicos, dicho sultanato cayó en desgracia, siendo acosado por su hermanastro en el Norte y a sus alrededores por jefes que habían sido partidarios de participar en la defensa de lo que quedaba de Al Andalus. De esta manera ella contaba protegerse de las pretensiones de su hermanastro que, desde Chefchauen, buscaba convertirse en gobernador de Tetuán.

Cuál no sería su poder y su visión política que convenció a su nuevo esposo de celebrar los esponsales en Tetuán. Con este matrimonio ella consolidaba al mismo tiempo su posición y la del sultán, su nuevo esposo, llamado Ahmad al Wattasi.

Pero a veces el enemigo no es aquel de quien más se teme, y espera al acecho su oportunidad. En efecto, durante la vida de su esposo, el general Ali al Mandri, casaron a su hija con el hijo de un rival de Al Mandri, quien a la sazón, y antes de que éste llegara, deseaba el control de Tetuán. Con ello, casando a su hija con Abu Ali, hijo de Hasan Hashim, el matrimonio pensaba que dicha amenaza quedaba disipada. Pero no fue así; padre e hijo aprovecharon la confianza depositada por Aiša en su yerno Abu Ali. Llegando a caballo de un viaje a Fez, ella pudo observar como su yerno y su consuegro se hicieron con el poder durante su ausencia.

Ahora bien, ¿qué papel tuvo su esposo, e incluso su hija, en este golpe de mando que la sustrajo a ella del gobierno de la ciudad? Son cosas que los innumerables relatos sobre su historia son incapaces de aclarar.

Aiša se retiró entonces a su casa de Chefchauen donde falleció y reposan sus restos.